El modelo de Spotify

“Un modelo de negocio describe las bases sobre las que una empresa crea, proporciona y capta valor”. Osterwalder.


(Escrito por un suscriptor de Spotify)

La compañía sueca renovó su logo en marzo de 2013.

La compañía sueca renovó su logo en marzo de 2013.

El hábito de escuchar música en streaming gana terreno en todo el mundo. Pero la industria musical, en plena crisis, no deja de preguntarse si efectivamente será éste el modelo de negocio que le permita recuperarse.

Spotify es una aplicación de origen sueco que permite acceder a millones de canciones en forma gratuita. Actúa como intermediario entre las compañías discográficas, artistas y usuarios. Es un nuevo canal de distribución para la industria musical, y su modelo de negocio ya generó polémica. Mientras algunos valoran que es una herramienta que intenta combatir la piratería, otros cuestionan los “ínfimos” retornos para los artistas por sus canciones.

¿Cuánto paga? ¿Quiénes se oponen?

Spotify le paga a los artistas 0,007 centavos de dólar por cada reproducción de una canción. La empresa difundió los números luego de recibir reclamos de discográficas y artistas, entre quienes se destaca Thome Yorke, líder de Radiohead, quien abandonó la plataforma porque “no le pagan una mierda”.

En Spotify están convencidos de que a medida que crezca la base de suscriptores, van a pagarle cada vez más a las discográficas y a los músicos, porque habrá más reproducciones. Los competidores de la firma sueca concuerdan: “El streaming está apenas al 5 por ciento de su potencial. Cuando haya alcanzado un volumen significativo de usuarios, los ingresos serán más importantes. No olvidemos que antes lo que había era piratería”, explica Eddy Maroun, presidente de Anghami. Para Yves Riesel, de Qobuz, “el futuro es una combinación de descargas y streaming“.

¿Cómo sostiene su negocio Spotify?

Con dos modalidades: una free, en la que los usuarios pueden acceder a millones de canciones en cualquier dispositivo a través de una conexión a Internet, y que se sostiene gracias a la publicidad; y una segunda opción Premium, que mediante un abono mensual, permite seguir listas de reproducción sin conexión y sin interrupciones publicitarias. En Argentina el abono mensual es de 36 pesos.

El modelo de negocio de Spotify. En Argentina, el abono es de 36 pesos mensuales.

El modelo de negocio de Spotify. En Argentina, el abono es de 36 pesos mensuales.

A este modelo de negocio que ofrece servicios básicos gratuitos, mientras se cobra por otros más avanzados o especiales, se lo llama freemium. Inicialmente, Spotify era free, pero los rumores de cambio que surgían en marzo de 2013 – hacia el mix actual- se terminaron por confirmar. Javier Gayoso, director de Spotify España, defendió este modelo y a fines de ese año declaró sobre el crecimiento de la aplicación en Argentina: “Estamos muy contentos con la acogida que nos está dando Latinoamérica. Argentina y México ya se han impregnado del espíritu de Spotify. Sin duda es un mercado muy interesante y puede aportarnos mucho”.

¿Quién paga?

Los que utilizamos la aplicación nos comportamos de manera diferente con cada modalidades. En la versión free, somos usuarios y los ingresos se generan a partir de la publicidad (los que escuchan música son usuarios; los anunciantes, clientes). Es lo más similar a una radio FM. Cuando abonamos la tarifa de 36 pesos mensuales pasamos a ser también clientes.

¿Por qué pagamos?

El suscriptor (¿debería hablar en primera persona?) paga no sólo por acceder a toda la música que desee, sino por poder disponer de ella sin conexión. Esta es la innovación de Spotify, la clave de su estrategia: haber creado un canal de distribución de música vía streaming y on demand.

Pensemos en las posibilidades de expansión del negocio de una canción y la propuesta de valor en cada modelo de negocio / distribución. La cadena comienza cuando un artista escribe y/o interpreta una canción. En principio, gana dinero con una presentación en vivo. La propuesta de valor para el espectador es la experiencia de un espectáculo en vivo y en directo, cerca de su artista.

Luego, puede entrar en la industria musical con un contrato con una discográfica (entra un nuevo jugador). Graba un disco y la empresa se lo distribuye. La propuesta para el fanático (cliente / usuario) es poder reproducir esa canción todas las veces que desee, sin la necesidad de asistir a un show en vivo. El artista cobra un fee y un porcentaje de las ventas del disco.

Más tarde, sigue el negocio de las descargas en tiendas virtuales. La misma canción encuentra un nuevo canal de distribución. El artista cobra un porcentaje por cada descarga, un modelo de revenue share. A la discográfica se sumó un canal de distribución para nuevos soportes: los dispositivos electrónicos. El caso más exitoso es iTunes. Los usuarios de esta tienda no pagan (sólo) por la canción, sino porque su distribución es simple, efectiva y rápida. Pagan por la disponibilidad del material, por su accesibilidad, y por la fiabilidad de su sonido en todos los artefactos en los que sincronizan su música. Puede descargar un CD completo, o sólo la canción que desee. Paga (también) por la posibilidad de fraccionar su compra.

Finalmente, llega la era del streaming. No es una descarga de contenido sino el consumo de contenido como transmisión en vivo. Este es el modelo de Spotify. Gayoso explicó que “la compra de canciones no forma parte de esta actualización (NdA: una actualización que se le hizo a la plataforma a fines de 2013), ya que nuestra intención es centrarnos en ser los mejores en streaming”.

La propuesta de valor ahora es la disponibilidad de millones de canciones vía streaming, es la organización de ese contenido en listas que ahorran trabajo de agrupar canciones con criterios de selección predeterminados. El usuario paga por disponer de ese contenido en varios dispositivos sin conexión a internet, y que ese contenido se sincronice automáticamente. Que cada dispositivo sea un único reproductor. El artista recibe un monto por cada reproducción de esa canción. Algo que no sucedía en las era de las radios FM.

De esta manera vemos cómo un artista fue expandiendo la distribución de su canción. El proceso de creación fue único. Los nuevos canales van reemplazando a los más viejos. Y el temor de los artistas radica en que los métodos actuales de distribución y cobro siguen la lógica de la economía Long Tail (economías de nicho) y no los principios de la economía de masas.

Los ingresos ahora son variables y lo que debería debería esperar un artista por un recital, por la venta de un CD, de una descarga en iTunes, o de la reproducción vía streaming en Spotify son retornos diferentes. Las propuestas de valor para los usuarios / clientes, también.

Hoy los cambios que la tecnología introdujo en la forma en que producimos, consumimos y compartimos contenido (música), está generando nuevas exigencias de los consumidores y nuevas oportunidades de negocio. Pensar en las necesidades de los usuarios permite un debate más profundo sobre la crisis que atraviesa la industria de la música, que afecta en general todas las industrias culturales. La tendencia marca que en los próximos años todo se hará vía streaming y bajo demanda. ¿Qué seguirá después?

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4 pensamientos en “El modelo de Spotify

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